Durante siglos, el arte en todas sus técnicas y estilos ha sido como un espejo que replica la imagen de quien se refleja o la sombra que plasma una versión concreta o abstracta de cualquier figura. Sin embargo, el arte no solo imita fríamente una imagen preexistente, sino que la engrandece, la hace especial y destaca su belleza.
No importa si se trata de algo tan simple como una copa de vino o la postal de una viña que estamos acostumbrados a ver —como las de nuestro país— o incluso de aquello que no podemos observar a simple vista. A veces, el valor de lo oculto enriquece el significado de lo que vemos día a día.
Como toda la naturaleza que se puede encontrar a lo largo de Chile, las viñas poseen una belleza digna de ser descritas detalladamente por los pinceles y las técnicas artísticas más delicadas que un autor puede emplear para conservar su imagen y mostrar, como si fuese una ventana, el paisaje desde su visión. Así lo empleó Alberto Valenzuela Llanos en su obra La Vendimia de 1899.
El artista, nacido en agosto de 1869 en la ciudad de San Fernando, ubicada en la provincia de Colchagua, se desempeñó como un paisajista que moldeó la naturaleza chilena así como el agua que cristaliza el cielo. Dentro de su obra se encuentran Quebrada de Los Loros (1895), Paisaje con cordillera (1901), Manzanillas en flor (1901) y Paisaje Lo Contador (1910).
Para el artífice natural de la Región de O’Higgins, la vitivinicultura no pasó desapercibida. En la Vendimia se puede observar la delicada relación entre el hombre y la tierra. En medio de un paisaje natural, un grupo de personas se reúnen para dedicarse armoniosamente a la producción de vinos, desde el cultivo de la uva hasta su cosecha a mano, mientras un hombre vierte vino en un barril de madera; un escenario que se observa con frecuencia, pero que no se mira con detención.
Valenzuela Llanos resignifica esta labor artesanal, tradicional y, en algunos casos, familiar, y nos da a entender que el vino no es solo un producto agroalimentario y que las viñas no son únicamente un lugar de trabajo común. En este escenario se encuentra una costumbre trascendental y patrimonial, que a su vez es la forma de vida de quienes viven en lugares tales como la denominada “Hacienda Bellavista”, inmortalizada por Valenzuela Llanos.
Cuanto más se observa la escena del cuadro, mayor es el valor que adquiere la ocupación de sus personajes. De izquierda a derecha, puede contemplarse paso a paso cuál es el ciclo de la vida de un alimento protagonista de millones de mesas chilenas y fiestas nacionales y comunales.
Es de esta forma que Alberto Valenzuela Llanos, por medio de La Vendimia, nos invita a observar cada detalle de una de nuestras más valiosas tradiciones e industrias artesanales. Conservando su esencia y abriendo una ventana, nos brinda una experiencia enoturística enmarcada.




